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martes, junio 09, 2015

Fin del tripartidismo

De la Editorial de la Jornada


Una vez estabilizados los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), del Instituto Nacional Electoral (INE), resulta pertinente continuar la reflexión sobre algunas de las novedades que la votaciones del domingo pasado introducen en la vida política del país.
El primer aspecto significativo es la disolución del modelo tripartidista que había venido operando, con variaciones, desde finales de los años 80 del siglo pasado, y que se consolidó tras la derrota del tricolor en las elecciones legislativas y locales de 1997: PRI, PAN y PRD eran las fuerzas dominantes y constituían los ejes en torno a los cuales se conformaban alianzas con los institutos más pequeños: PT, Verde, Convergencia (ahora rebautizado Movimiento Ciudadano) y otros que tuvieron existencia fugaz. Esa división entre grandes y pequeños se vuelve insostenible a la luz de los resultados del comicio del domingo, en los que ningún instituto político consigue por sí mismo ni un tercio de los sufragios y en los que la diferencia entre la tercera y la cuarta fuerzas (PRD y Morena, respectivamente) se reduce a dos puntos porcentuales. Por otra parte, se reafirma el escenario legislativo que obliga a crear alianzas entre diversas fuerzas para obtener mayorías absolutas.


Otro dato a tener en cuenta es la inviabilidad de las candidaturas independientes, tal y como fueron instituidas en la más reciente reforma política. En efecto, la suma total de sufragios obtenida por candidaturas de esa clase no superó el uno por ciento y la excepción que confirma la regla es el caso del ex priísta Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, quien se impuso a Ivonne Álvarez por más del doble de los votos (49 a 24) en la contienda por la gubernatura de Nuevo León. A pesar del entusiasmo local suscitado por su postulación y su campaña, cabe recordar que El Bronco llega al cargo respaldado por un poderoso grupo empresarial y mediático y por sectores priístas locales que se sintieron defraudados por la postulación de Álvarez.
Un aspecto más digno de mención es la activa campaña por la anulación del voto que, a pesar de su estridencia, no logró inducir un incremento en los sufragios anulados: 5.41 por ciento en 2009 frente a 4.88 por ciento en este año.
De ello puede inferirse que buena parte del millón 800 mil votos anulados obedeció a circunstancias accidentales y a errores involuntarios de los votantes, y no necesariamente a una respuesta positiva a los exhortos anulistas.
Para finalizar, debe constatarse que, como suele suceder en las elecciones legislativas intermedias en el país, en la elección pasada fueron más los ciudadanos que se abstuvieron de sufragar que los que fueron a las urnas. El indicador de participación ciudadana (47 por ciento) se mantuvo prácticamente estable con respecto a 2009 (44.6) y ello habla de la distancia y la apatía que la vida republicana suscita entre la población. Se trata de un fenómeno preocupante provocado, sin duda, por la apatía y la distancia que la mayor parte de la clase política exhibe, a su vez, con respecto al gravísimo panorama económico y de inseguridad, impunidad y desigualdad que afecta a la sociedad.

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