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martes, agosto 11, 2015

Beltrones, la última carta que le queda al “nuevo” PRI

Por: Guillermo Fabela Quiñones / 10 agosto, 2015
BELTRONES
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Es incuestionable que después de tres décadas de neoliberalismo, el sistema político mexicano está viviendo una dolorosa agonía. El PRI que surgió luego del golpe de Estado de 1982, se desgastó en la misma medida que se fue demostrando la ineficacia de los tecnócratas al frente del Estado. La alternancia en el Ejecutivo, el año 2000, contribuyó al debilitamiento de la clase política liderada por Carlos Salinas de Gortari. El PAN en el poder durante dos sexenios, demostró que el conservadurismo decimonónico no estaba preparado para iniciar un nuevo régimen ajeno a los grupos de poder priístas. De ahí que Manlio Fabio Beltrones resurja de sus cenizas.
 
Es la última carta que le queda al “nuevo” PRI para evitar una debacle muy cercana. Los grupos de poder no tienen duda ya de que los mexiquenses carecen de capacidad para superar la crisis generalizada que se ha venido incubando desde que la vieja clase política, en la que Beltrones militó en sus mocedades, fue liquidada sin miramientos, con firmeza a partir de que Salinas llegó a Los Pinos. Sin embargo, el sonorense demostró siempre una inocultable lealtad al grupo salinista, motivo por el que ahora regresa al primer plano de la política nacional, cuando estaba a punto de finalizar su largo caminar en diferentes planos del sistema político.
Es muy probable que tal decisión haya sido tomada en contra de los designios de Enrique Peña Nieto, quien tenía puestos los ojos en Aurelio Nuño. Con todo, se impuso la influencia de las fuerzas salinistas, las cuales no han dejado de trabajar con el objetivo de no perder poder, sin importar el precio que se tenga que pagar. Esto no lo hizo Ernesto Zedillo, quien le dejó el campo libre a los Salinas, tanto porque su vocación real no es acumular poder político sino económico, y porque su padrino, José María Córdoba Montoya, dejó de lado la lucha política una vez que se dio cuenta que era más redituable aprovechar el desmantelamiento del aparato productivo del Estado.
Es obvio que Peña Nieto se ha ido quedando sin el apoyo de sus patrocinadores, al demostrar una frivolidad desmesurada y una proclividad al enriquecimiento sin límites. Los resultados de su gestión son por demás desalentadores, no sólo para el país sino para la élite oligárquica, no obstante las muchas facilidades que han tenido para incrementar sus fabulosas ganancias. El problema aquí es que se ha dedicado de manera muy especial a favorecer al sector financiero, a los bancos, más que a los industriales, quienes empiezan a mostrar un explicable resentimiento.
El rescate de Beltrones es una reacción en contra del inquilino de Los Pinos. Es obvio que el instrumento para dar este paso tan significativo fue Carlos Salinas, pues de otro modo no habría sido posible. Es un acto desesperado para evitar la quiebra del PRI, la cual parece inevitable ante los contumaces fracasos del “gobierno” de Peña Nieto. Sin embargo, el fondo del problema no está en esta circunstancia, sino en que el sistema neoliberal ya no da más, está exhausto por tanto abuso, tanta irresponsabilidad, tanta corrupción. Son muchos años de lo mismo, con una sociedad cada vez más devastada, más empobrecida, más víctima de la violencia.
Beltrones no llegará sólo a encabezar al PRI, sino a tratar de sacar del hoyo al régimen, tarea titánica que augura infinidad de presiones de todo tipo a las clases mayoritarias, así como uno que otro apretón a los oligarcas rejegos que se quieran pasar de listos. Porque lo que le sobra a Beltrones es una experiencia adquirida en la vieja clase política, cuando el Estado imponía las reglas del juego. Con todo, las condiciones en la actualidad son muy diferentes a las que se vivían en México en los años previos al golpe de Estado neoliberal.
El corporativismo dejó de existir, al igual que los medios que tenía el PRI para asegurar la lealtad de sus bases. La pobreza hace cuatro décadas no era tan dramática como ahora, ni había la descomposición del tejido social que es característica del Estado mexicano en la actualidad. No será fácil impedir un cambio de régimen, porque la población mayoritaria cada vez está más convencida de que así como vamos, nuestros hijos y nietos no tendrán futuro.

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