De El Pais
Javier Lafuente
El jefe de la diplomacia ha relatado, a grandes rasgos, lo que ha supuesto la odisea para el líder boliviano, que el lunes aceptó el ofrecimiento de México de otorgarle el asilo político
por razones humanitarias. “Un periplo por diferentes espacios y
decisiones políticas”, ha señalado, durante la rueda de prensa matutina
del presidente Andrés Manuel López Obrador, que asistía ensimismado en
segundo plano al relato de Ebrard.
En la mañana del lunes, según han confirmado fuentes oficiales a este
diario, México envió un avión de la fuerza armada a recoger a Morales
en previsión de que este aceptaría el asilo ofrecido. El plan era viajar
a Lima, con la autorización del Gobierno de Perú, y esperar allí las
“autorizaciones competentes” de Bolivia. “Imaginarán ustedes el
problema, en virtud de que están en medio de un proceso muy complejo y
no se sabe muy bien quién decide qué”, ha señalado Ebrard en un relato
en el que el lenguaje diplomático caminaba de la mano de los eufemismos.
“Son los militares los que mandan, esto es un golpe, esto es un golpe”,
relataba a última hora de la noche una fuente oficial mexicana, próxima
a López Obrador, que pide el anonimato.
A primera hora de la tarde, los militares bolivianos comunicaron que
aceptaban que Evo Morales fuese trasladado a México, por lo que el avión
de las fuerzas armadas despegó de Lima. Cuando llegó al espacio aéreo
boliviano, no obstante, se le negó el acceso y la aeronave tuvo que
regresar a Lima. Es en ese intervalo, según fuentes oficiales, fue
cuando México hizo público, de forma apresurada, que le había otorgado
el asilo político a Morales e hizo hincapié en la necesidad de preservar
la integridad del líder boliviano.
Las horas de espera en Lima son eternas. La operación está a punto de
irse al traste. Se complica hasta la recarga de combustible en el
aeropuerto peruano, pues se exige un pago en efectivo que retrasa aún
más el despegue. Mientras, las gestiones entre el Gobierno mexicano y
los militares bolivianos no cesan. Al frente de ellas, el canciller; el
subsecretario para América Latina, Maximiliamo Reyes, y la embajadora de
México en Bolivia, María Teresa Mercado. El mando de la fuerza aérea
boliviana termina por otorgar el permiso para recoger a Morales, esta
vez de forma definitiva, “lo cual dice quién tiene el poder ahora en
Bolivia”, ha incidido Ebrard.
El avión mexicano llegó, en torno a las siete de la tarde, al aeropuerto de Chimoré, en el departamento de Cochabamba,
donde Morales se resguardó desde que renunció a la presidencia, forzado
por las protestas y la presión de los militares. Morales, pues,
abandonó su país desde una antigua base estadounidense, donde la DEA
operaba en la lucha contra el narcotráfico y que el líder boliviano
había convertido en un aeropuerto internacional en el corazón de la
selva.
Los momentos de mayor tensión, sin embargo, estaban por llegar.
México tenía previsto usar la misma ruta de regreso. Según el relato de
Ebrard, en torno a las 19.30 hora local, cuando el avión estaba a punto
de salir, el canciller peruano le dijo que “por las valoraciones
políticas” suspendía el permiso para recargar combustible en Lima. “Fue
el peor momento, porque fuera del aeropuerto boliviano se habían
congregado seguidores de Morales y había militares dentro”, señaló el
jefe de la diplomacia mexicana.
La espera fue muy tensa hasta que se logró un plan alternativo, en el
que tuvo un papel importante el presidente electo de Argentina. Alberto Fernández
habló con el presidente de Paraguay, Mario Abdo, para pedirle que
dejara volar el avión mexicano con Morales hasta Asunción y ahí poder
recargar combustible. El canciller paraguayo se comunicó con Ebrard para
darle la autorización y asegurarle que la aeronave podía esperar el
tiempo que fuese necesario en la capital del país sudamericano.
Ya de camino a Asunción, y ante la garantía de que allí podrían
recargar combustible, el Gobierno mexicano pidió al peruano que
permitiesen al avión sobrevolar su espacio aéreo, sin necesidad de
aterrizar en su territorio, lo cual sí les fue autorizado. Al mismo
tiempo, se consultó con Ecuador si, en caso de necesitar una nueva
recarga, se podría usar el aeropuerto de Guayaquil. También recibieron
el visto bueno.
A punto de despegar de Paraguay, desde Bolivia se le comunicó a
México que, con Morales a bordo, ya no podrían sobrevolar el espacio
aéreo, por lo que todo se volvía a retrasar. El embajador de Brasil en
La Paz se ofreció entonces a ayudar y se consiguió, “casi
milagrosamente”, según Ebrard, un permiso para volar en la línea
fronteriza entre Bolivia y Brasil. De ahí, el plan de viaje era salir a
Perú y de Perú cruzar el espacio de Ecuador para llegar a aguas
internacionales y seguir rumbo a México. El avión tiene una autonomía de
11 horas por lo que, recargado de combustible, ya no era necesaria una
parada.
Con todos los permisos asegurados, al filo de las 2 de la madrugada,
despegaba el avión con Evo Morales desde Asunción. El lío ha sido tan
monumental que, aún en la mañana del martes, Ebrard aseguró que Ecuador
les había impedido sobrevolar el espacio aéreo, aunque más tarde se
desdijo. Pasadas las 11 de la mañana, Evo Morales aterrizó como asilado
político en México. Un país que, dijo nada más pisar su suelo: "Me ha
salvado la vida".

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