domingo, octubre 18, 2026

¡Venimos por nuestra Calavera!


Amorosa costumbre de Días de Muertos

Jorge Salazar García. 19/10/2026
Tenía 6 años de edad cuando fui llevado de regreso al pueblo donde nací. Es un lugar rodeado de verdes montañas pertenecientes a la Sierra de Chiconquiaco, Veracruz. Aunque el municipio fue constituido en 1881, los primeros pobladores de origen náhuatl ya estaban ahí desde mucho tiempo atrás. Su nombre oficial fue San Antonio Tepetlán; pero, en 1932, siendo gobernador Gonzalo Vázquez Vela, se eliminó el “San Antonio”, quedando sólo “Tepetlán”, vocablo náhuatl cuyo significado es “lugar entre cerros”.
Mi abuelita materna, Barbarita, periódicamente venía a Xalapa a vender huevos, servilletas bordadas y chiles en vinagre. Terminadas sus entregas visitaba a mi madre, quien con 5 hijos ya vivía en esta capital. En una de esas visitas me llevó consigo. Sorprendido y huraño llegué a la casa de los abuelos, se componía de dos piezas con piso de tierra y techo de teja; la delantera servía de sala, troje y dormitorio y estaba precedida por un corredor, al cual tres escalones de piedra daban acceso. En la habitación trasera había un gran brasero y unas tablas sirviendo de comedor. Naturalmente, a esa edad todo me pareció enorme, principalmente la altura del techo. 
Ese día, pardeando la tarde, conocí al abuelo Juan; me asombró ver que le faltaba una pierna desde la rodilla. Aún así, era infatigable; por la mañana afilaba herramientas y soldaba con estaño utilizando una fragua; algunas veces le ayudé moviendo el fuelle. Llegada la tarde vendía cacahuates tostados, coco, palanquetas y pepitoria elaboradas por la abuela. Su primogénita, mi tía Irene, al emigrar a la ciudad de México, les dejó encargadas a sus hijas Chata y Lourdes. Estas primas, preadolescentes, me recibieron con mucho cariño; y “chiqueos”, agregaría.

LLEGAN LAS CALAVERAS

Días después, hubo mucho movimiento en el pueblo. Por sus callejuelas de terracería iba y venía gente. En la casa, el ajetreo me dejaba girando como pirinola descontrolada, ignorado por todos. Vi al abuelo abrir la puerta de la entrada y vaciar costales de mazorcas sobre una lona colocada en el suelo. Jaló una silla de palma y se acomodó en ella. Luego aflojó su pierna de palo y nos puso a desgranar mazorcas. Todos nos sentamos alrededor de aquel montículo, lo cual me pareció divertido. Entre risas y comentarios los maíces se acumulaban por un lado y los olotes por otro. No sé si desgrané siquiera una mazorca pues cuando un grano se me resistía pedía a mis primas lo hicieran por mí. 
En esas estábamos cuando, de pronto, una ráfaga de viento entró a la habitación formando “remolinillos” con el polvo, pelos de elote y pedacitos de hojas levantados a su paso. Generalmente, de niño, uno juega con estos pequeños torbellinos corriendo tras ellos y desbaratándolos. Pero el comentario del abuelo me contuvo: “son los espíritus de los muertitos que están llegando”, dijo. Por supuesto, de espíritus no sabía nada, pero como en Xalapa, bajo la luz de la luna escuchaba cuentos de la palomilla del barrio sobre aparecidos y panteones, la alusión a los muertos me asustó y le pregunté al abuelo si los veía.
-No mijo- me contestó. Y continuó:- Cuando la gente muere, su alma se separa del cuerpo antes de ser enterrado. Sus espíritus viven para siempre y en los meses de octubre y noviembre nos visitan; no los vemos, pero los sentimos. 
Aunque no entendí nada, la respuesta me tranquilizó temporalmente.

RECOLECCIÓN DE LA OFRENDA

Terminamos aquella tarea y el abuelo fue a la finca trasera por ramas, palos y carrizos.
 Al regresar ordenó:
- Apúrense niñas, vayan por la ofrenda para el altar.
¿Qué será eso de la ofrenda? Me pregunté. Cada prima tomó una canasta (para mi enormes), y me llevaron con ellas.  Salimos, y cuando llegamos a la primera casa, llamaron:
- ¡Doña meche, venimos por nuestra calavera!
- Si niñas.  Espérenme tantito. 
Luego la señora apareció trayendo algunos tamales y los depositó en una canasta. No vi a mis primas pagar por ellos; simplemente dijeron “GRACIAS” y se dirigieron a la siguiente casa. Esto se repitió a lo largo de la calle. Todas las familias, hasta la más humilde, compartieron algo. Al terminar el recorrido, las canastas, como cuernos de la abundancia, rebosaban de frutas, tamales de dulce, pipián, frijol y chile; también había jamoncillos y panes con figura de personas. Con la boca hecha agua y el estómago agitado como mis neuronas, esperaba me dieran algo más que probaditas; pero no sucedió.

EL ALTAR

Cuando regresamos, los abuelos ya habían armado el altar: tenía dos arcos amarrados delante y detrás de tablas que servían de mesa. Ayudamos a decorarlo con flores amarillas, canastitas de cartón adornadas con papel de china, cadenas y figuras de calaveras caladas del mismo material. No creo haber sido de mucha ayuda pero ellos, entre risas y juegos, me hicieron sentir lo contrario.
Ayudé a recoger el tiradero, barrer y colocar veladoras, retratos de personas para mi desconocidas, y sobre todo a poner la ofrenda recolectada junto a otros alimentos preparados por la abuela. Encendieron veladoras, el quinqué (no había luz eléctrica) y finalmente cenamos, pero, extrañamente no tomaron nada del altar. Antes de acostarnos, mientras las mujeres rezaban, el abuelo, al observar a mis golosos ojos brincar de la natilla al chocolate y del delicioso pan de huevo a la pepitoria, a modo de advertencia y señalando las fotos me susurró:
- Mijooo…, la ofrenda es para los muertitos.
¡Ups! Frustrados mis deseos antojadizos me acosté en la cama de mi abuelo; de lado, casi tocando la fría pared con mis narices. El sueño que normalmente llega pronto, esa noche parecía huir. Cuando apagaron el quinqué, la penumbra desparramó sombras por todo el cuarto y sensaciones desconcertantes e inéditas invadieron mi cuerpo. Poco a poco, lentamente, me adapté a la oscuridad hasta sólo percibir formas móviles en el techo y las paredes. Mi desmesurada imaginación y el movimiento de los pabilos de las veladoras dibujaban figuras y rostros fantasmagóricos por doquier. Con el corazón acelerado y los ojos abriendo mis párpados al máximo, aquellos espectros me obligaron a refugiarme acurrucado en el lugar más seguro e inexpugnable que a esa edad se tiene: ¡Debajo de las cobijas! 

EL RECALENTADO

A la mañana siguiente me despertaron jalando las cobijas con brusquedad, pues me encontraron aferrado a ellas hecho un tamal envuelto en trapos. Tan pronto me levanté, volteé hacia el altar y vi a la ofrenda seguir ahí. Los muertos o no fueron o no les gustó, pensé.
Volviendo a la rutina fuimos a desayunar. Y, ahora sí, la abuela tomó algunos alimentos del altar. Aunque temía comerlos, el hambre medio contenida abatió mis temores. Sin embargo, podría jurarlo: el sabor estaba ausente o bastante disminuido. Más adelante me explicaron que los muertitos, agradecidos, sustraen sabores y olores de aquellos alimentos ofrendados por sus familiares en los “Días de Muertos”. 
A mediados de noviembre regresé a Xalapa.  No era más valiente pero ya no me atemorizaban los muertos.

LA VISITA DEL ABUELO

Meses más adelante mi mamá nos llevó a la casa de mi tía Estela, otra hermana, viviendo en Xalapa, en el mismo barrio. Recuerdo que había mucha gente. Allí, entre extremidades y el patio, los cuates y yo hicimos lo nuestro: corretear. Ya anocheciendo, mi madre me llevó a dormir a un cuartito trasero, solitario y tenuemente iluminado. Tan pronto mi oreja sintió la almohada me quedé dormido. De repente, alguien, tocando mi cabeza con su mano envuelta en un paliacate, me despertó. Era el abuelo Juan sentado en la cama, a mi derecha. Se quitó su sombrero, lo colocó a un lado y cuando empezó a desamarrar su pierna de palo tal como lo hacía cuando se disponía a descansar, le pregunté: 
-¡Abuelito, abuelito!, ¿Dónde están Chata y Lourdes?
No sé si me contestó o no lo escuché. Pues salté de la cama y corrí a buscar a mis primas, suponiendo venían con él. Cuando las buscaba entre la gente, mi madre acompañada de mujeres vestidas de negro, me detuvo y viendo a mi abuelita apartada y cabizbaja, le pregunté por qué estaba así. Su reacción fue mirarme con ternura. 
-Ya dile Luchita (Luz María)- Pidió una de sus amigas. 
En ese instante aparecieron mis primas y abrazándome, me dijeron:
-Ven mi niño.
Me llevaron hacía donde había velas grandes encendidas. Todos en silencio nos abrían paso. Me pararon frente a un caja diciéndome:
-Ahí está el abuelito Juan, murió en la mañana.
-No es cierto, él está acostado allá atrás. Él me despertó con su pañuelo- les dije incrédulo.
 Sorprendidas las mujeres cuchicheaban entre sí. Logré escuchar a alguien mencionar haber visto un paliacate dentro de la caja. Nadie dijo más nada en voz alta. Mis primas, la abuelita y mi madre me abrazaron compasivamente y me regresaron a dormir.
Real o soñado, esa noche me despertó el abuelo. Sigo sin recordar su mensaje. No obstante, haber dedicado 35 años como maestro a fortalecer la costumbre de “Días de Muertos” en mis alumnos, me gusta pensar que su mensaje se relacionaba con esta amorosa tradición: La muerte no es el final de la vida sino su complemento.

COSTUMBRE TRASTOCADA

“Pedir para la calaverita” a los vecinos, permitía compartir con otros lo poco o mucho que se poseía. Hacía posible dar una digna ofrenda al espíritu del ser querido fallecido. Esta costumbre se ha ido sustituyendo por la yanqui de “truco o trato” realizada en la “noche de brujas” con la cual los niños sólo piden para sí mismos usando, sin saber, el chantaje y normalizando la idea de que extorsionar es bueno. Lamentablemente, muchos padres ignoran las consecuencias negativas de promover en sus hijos esa costumbre importada del Halloween.
Relegar o trastocar costumbres fundadas en  los valores universales de respeto, amor, gratitud y solidaridad nos conduce a perder identidad y el sentido de colectividad. Hacerlo privilegiando el negocio y consumismo pulveriza los significados profundos y trascendentes de esa bellísima tradición de Días de Muertos declarada “Obra Maestra del Patrimonio Oral y Tangible de la Humanidad” por la UNESCO en 2003. 

domingo, octubre 11, 2026

Cuando la idiocracia nos domine.


“Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los que están 

en lugares más altos son los que menos sirven.” (Paul Masson).

Jorge Salazar García. 11/10/2026

Controlar la tecnología de la información ha otorgado a sus poseedores la capacidad de moldear gobiernos conforme a sus intereses. El monopolio de esas herramientas en América lo posee Estados Unidos (EU), país para el cual no hay frontera ni soberanía que valga cuando algún gobierno local intenta restringirle a sus corporaciones el acceso a los recursos estratégicos y a millones de maleables consumidores. Su potencial para imponer condiciones a otras naciones no responde a la voluntad de ningún presidente sino a un plan expansionista concebido desde su fundación, consolidado con la doctrina Monroe (1823) y el Destino Manifiesto (1845). Desde entonces en Latinoamérica ha impuesto tratados que benefician a sus monopolios energéticos, comerciales, bancarios, militares y farmacéuticos básicamente. Desde luego las amenazas, los bloqueos, los golpes de estado, los asesinatos y la intervención armada directa son parte de las recetas para imponer  su agenda de saqueo y depredación. 

Esa política intervencionista es respaldada, con algunos matices, desde los partidos Demócrata y Republicano de los cuales han surgidos todos los presidentes (excepto los primeros seis) de ese país. Gracias al apoyo de las oligarquías locales logran imponer una narrativa donde la verdad, aunque se conozca, pierde relevancia ante los ciudadanos. Es una colonización programada que abarca los modelos educativos nacionales con la finalidad de hacer a un lado los contenidos que contribuyan al pensamiento crítico, liberador y humanista. De tal modo que los gobernados sean incapaces de cuestionar sus métodos criminales de despojo y evitar que la verdad sea percibida aunque haya quienes resistan a la simulación y la mentira.

Al respecto, el senador demócrata Robert C. Byrd (1917-2010) dijo al congreso de los Estados Unidos (EU): “La verdad siempre encuentra, con el tiempo, la forma de escabullirse entre las grietas. El peligro, sin embargo, es que en algún momento ya no importe… y que se infiera el daño antes que la verdad se comprenda por completo.” (21/05/2003).

Sin duda esa manipulación de la realidad favorece la contaminación, devastación, violencia y drogadicción y claro, expande sus nocivas consecuencias. Por esa razón, los dueños de los grandes consorcios financieros e industriales además de inducir la apatía promueven una sociedad donde la superficialidad y el consumismo donde lo único que importa es obtener un placer narcisista inmediato y alejarse del sufrimiento mediante las drogas. Así, aunque la verdad se respire, se le rehúye, evade o se niega obedeciendo al miedo implantado mediáticamente. Queda entonces aquella verdad oficial conveniente al poder difundida como espectáculo con el objetivo de que cualquier político idiota sea visto como héroe, salvador y honesto.

IDIOCRACIA

El ascenso actual de esos políticos es cada vez más frecuente y pareciera proyectarnos hacia un destino distópico igual al creado en la película Idiocracia, filmada en 2006. En este filme de Mike Judge se narra satíricamente la historia de un soldado yanqui (Joe Bauers) que siendo congelado en el año 2000 despierta cinco siglos después en una sociedad “indeseable, opresiva, aterradora” gobernada por idiotas. Ese militar ignorante y torpe, siendo la persona más inteligente en ese momento cuando los centros comerciales son Universidades y el presidente pertenece a una marca comercial, es convertido en Secretario de Estado. Esa sociedad “perfecta” para las corporaciones yanquis y judías pareciera estar edificándose desde el consenso de Washington (1989) en todo el continente americano. con el consentimiento de gobiernos que reprimen toda causa inteligente de resistencia a la estupidez.

AGNOCRACIA

Esos dueños del poder institucional ya han logrado que las nuevas generaciones vean en locos, codiciosos y estúpidos a sabios que salvarán al mundo. A través del controlado ejercicio de votar los despojados de su conciencia de clase eligen a políticos cuyos mejor mérito es la sumisión. La meritocracia se ha ido sustituyendo sistemáticamente por una agnocracia en la cual los cargos públicos (salvo las excepciones de rigor) son ocupados por oportunistas que ignoran las necesidades técnicas del puesto. Los méritos de eficiencia, talento profesional y honestidad dejaron de importar a los actuales linajes mafiosos dominantes. 

De esa manera, los EU han reconfiguran las estructuras del poder; financian a candidatos ignorantes, narcisistas y codiciosos que presuman vehemente y egocéntricamente tener la verdad absoluta.  Peña Nieto, Javier Milei, Donald Trump, Bolsonaro, Keiko Fujimore y Abelardo de la Espriella, son, sólo por mencionar los de América, algunos presidentes de esa clase de peleles dispuestos a destruir vidas y entregar a sus países con tal de satisfacer su egolatría. Para ellos sólo existe el dinero, los patrones y los esclavos consumistas. Como se dijo antes, son incapaces de conectar ideas y corregir errores; son socialmente disfuncionales, faltos de empatía, estrechos de miras y carentes de sensibilidad humana.

Caso México.

México, objeto eterno de la codicia yanqui,  poco a poco va incorporando a la función pública (legisladores, presidentes municipales, gobernadores) políticos con las características mencionadas. Ya hay gobernadores (as) que en lugar de enfrentar con la verdad las mentiras, los abusos de poder y la corrupción sistémicas continúan cubriéndolos con demagógicos argumentos soberanistas mientras hacen concesiones a las corporaciones estadunidenses en los megaproyectos, corredores industriales, energía, petróleo etcétera. 

Tanto en los EU como en México simulan combatir a fondo a los grupos narcotraficantes mientras tras bambalinas firman acuerdos con quienes manejan el dinero y las concesiones del gas sheel (fracking) y el petróleo del golfo de México. Es imposible que con los actuales mecanismos de control, registro y seguimiento del dinero, no sepan quienes son los beneficiarios de las operaciones criminales. Los espectáculos de las conferencias de prensa son sólo juegos artificiales para esparcir autoelogios narcisistas y reposicionar a los cómplices. 

La permanente protección de funcionarios corruptos de todos los niveles y la falta de empatía para con quienes demandan justicia pronta y expedita exhiben un peligroso patrón político exasperante, frustrante y polarizador. Lo trágico de todo es que algunos dirigentes partidistas y funcionarios con máscaras de izquierda sirven al mismo amo neoliberal en tanto se profundiza y perfecciona la militarización del país.

No obstante esos grandes nubarrones, aquí y allende la frontera crece también el despertar de los ciudadanos que se organizan y salen a las calles hartos de gobiernos ineptos y corruptos. Los trabajadores de la salud, de la educación, madres buscadora, defensores del agua y del territorio, el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas se movilizan promoviendo acuerdos nacionales que permitan unir esfuerzos en torno a un programa común de lucha por la vida, la Paz y la Justicia.


domingo, octubre 04, 2026

“Mi experiencia en el 68”.


Rescate de la memoria colectiva sobre el 2 de octubre.

Jorge Salazar García. 4/10/2026

-Me llamo Elsa, tengo 76 años, soy originaria del pueblo de Huamuxtitlán situado en una cañada que pertenece a la región de la montaña del Estado de Guerrero. En 1967 terminé la secundaria y por recomendación de un médico de apellido Massieu llegué a la vocacional número siete. En aquel entonces el Instituto Politécnico Nacional tenía siete escuelas vocacionales equivalentes a las preparatorias. Cada una tenía su área (en 1969 se incorporaron la 8 y la 9). De la uno a la 4 cubrían el área de Ingeniería y Ciencias Físico-Matemáticas; a la 5 le correspondía Ciencias Sociales y Administrativas/Comercio y a la 6, Ciencias Médico-Biológicas. La 7, ubicada en Tlatelolco que era una escuela piloto muy moderna, ¡muy de primer mundo!, albergaba las tres áreas de conocimiento: Físico-Matemáticas, Médico-Biológicas y Sociales. A esa llegué recomendada. Ese señor (Massieu) me mandó a la mejor escuela. ¡Imagínense, llego de un pueblo a una escuela de primer mundo! 

Esta vocacional tenía los mejores laboratorios; todos muy bien equipados. Estaba en la prolongación de la avenida San Juan de Letrán, junto a la Plaza de las Tres Culturas. Había que subir unos escalones y a una explanada que estaba del lado izquierdo. En la parte de en medio había una auditorio muy bonito y al lado derecho estaba un edificio, más o menos rectangular; su característica era que tenía unos triángulos de colores. Yo recuerdo los de color rojo. Esa vista daba a la plaza de las Tres Culturas. Al fondo tenía laboratorios y un sótano con otros laboratorios superbién equipados. 

Por ejemplo, cuando llegábamos al de Biología cada quien tenía su microscopio y su muestra. Había una especie de mesas con 4 bancos; en el centro estaba dónde se iba todo el desperdicio. Para tomar dibujo técnico se disponía de grandes salas con restiradores en los que cada quien tomaba su clase. Era una escuela, vuelvo a repetir, de primer mundo.

Recuerdo que llegué un lunes a clases con la sorpresa de que estaba cerrada. Había suspensión de clases. Ese día en la parte de la explanada se subió un chico y los que estábamos afuera, en la banqueta, pues nos quedamos a escucharlo y explicó lo que había sucedido. Nos dijo que había una manifestación (26, julio) por el Ché Guevara y que fueron atacados muy duramente por los granaderos que yo creo eran equivalente ahora a la guardia nacional, más o menos ¿no? Por eso suspendieron labores en la Universidad y el Politécnico. Pues se unieron para lanzarse a huelga y por ende nosotros también. Ahí empezó el movimiento. Y ya, a esperar cada quien; el que quiso unirse a la lucha, lo hizo. Yo me fui a casa y nada más oía noticias y, de vez en cuando, regresaba a la escuela para ver si ya había actividades. 

Pero en algún momento que llegamos una amiga y yo, vimos un letrero que decía: “compañero si tienes conocimientos de primeros auxilios y quieres colaborar con nosotros, anótate”. Y entonces, mi amiga y yo nos anotamos, sin saber la dimensión del problema porque en realidad así fue. Yo no estaba consciente de la magnitud de la situación. Fuimos a primeros auxilios. “Bueno, pues les toca venir pasado mañana”, nos dijeron. Nos dieron la hora y nos fuimos a casa.

 Regresamos el día que nos dijeron (mediados de septiembre). Cuando ingresamos, vimos que hasta el fondo, en el sótano, había chicos muy lastimados, otros levemente. Los doctores que daban clases estaban curándolos. A mí me dijo uno de ellos: “mira, a este le cambias una venda y le pones esto. A  este lo limpias, lo curas”. Estaba en eso cuando oí pasos corriendo y todos nos quedamos callados. Entró un joven y nos dice: “están tomando el edificio los granaderos, así que vámonos”. Pero había dos o tres chicos que no se podían mover; entonces, un Dr. dijo: no se preocupen, yo me quedo con ellos, váyanse. Yo, en ese momento, me quede congelada, no me moví; me quedé congelada. Aquel chico que llegó, prácticamente me jaló ordenándome: ¡vámonos! Casi me fue remolcando. Nos fuimos un poquito mas abajo, y llegamos a una puerta que daba a la Plaza de las Tres Culturas. Ahí, un chico estaba tratando de quitar una cadena con el hacha que usan los bomberos y otros pateándola, finalmente abrieron esa puerta. El chico que casi me iba remolcando y yo nos fuimos hacia la avenida paralela a la de san Juan de Letrán donde, me acuerdo, hay un monumento; Mmm, de…, no sé si es Cuauhtémoc o Cuitláhuac, pero hay un monumento. Atravesamos y nos fuimos corre, y corre, y corre, y corre. 

Hubo un momento que yo ya no podía respirar, me paré y vi que era la lagunilla. Y le dije a este chico, ¿sabes qué?: yo ya no puedo…, ¡ya no puedo! Sentía que se me paraba mi corazón, ¡que me iba a explotar! Entonces me preguntó: “¿ traes dinero?, yo traigo muy poco, sólo para llegar a mi casa”. Pero… le digo: yo puedo llegar a mi casa caminando, no está lejos. Yo vivía más o menos en los límites de Tepito, en el centro. Y entonces me contestó: “bueno compañera camínale y no voltees. Síguete y vete rápido a tu casa. 

Y esa fue mi experiencia.

Contexto general

La vocacional 7 ocupaba un edificio de tres niveles, fue creada con el propósito de proporcionar un espacio a los hijos de obreros, campesinos, empleados y trabajadores en general donde pudieran cursar la preparatoria, que era de dos años. Orgánicamente pertenecía al Instituto Politécnico Nacional (IPN). Fue creada en 1963 como un proyecto educativo técnico-humanista innovador. Le pusieron “Cuauhtémoc” de nombre. Como bien afirma la señora Elsa, contaba con instalaciones equipadas, modernas y dignas. Su ubicación, condiciones físicas y académicas fueron estratégicas para el movimiento estudiantil a partir del día que se involucró formalmente. Esto ocurrió el 27 de julio, un día después de la brutal represión policiaca contra estudiantes que demandaban un alto a los abusos de los granaderos. Ambos turnos votaron por irse a la huelga y a partir de ese momento la Sociedad de Alumnos se transformó en comités para organizar brigadas, mítines, guardias, marchas, asambleas necesarias para la movilización estudiantil. 



Desde el principio, esta vocacional se destacó por su capacidad organizativa pues contaba con muchos mimeógrafos, instalaciones amplias y profesores comprometidos con la causa estudiantil. Su liderazgo fue aceptado y reconocido por otras escuelas, lo cual la puso en la mira de las fuerzas represoras. El 30 de julio granaderos, policías y militares la tomaron por un día. Pero todo el mes de agosto los alumnos padecieron balaceras, persecuciones, represiones. Debe destacarse que, a pesar de ello, nunca cayeron en la provocación. Su acuerdo de abandonar las instalaciones cuando los ataques provinieran de ejército fue una muestra de su prudencia (Iván Uranga, 11/02/2019). 

Finalmente, el 23 de septiembre, las instalaciones fueron tomadas por granaderos y militares. Parece ser que la señora Elsa, que terminó la carrera de enfermería en la Universidad Autónoma de Guerrero, tuvo su dramática vivencia en ese preciso día. 

 La escuela fue trasladada,  primero a Zacatenco y después a Iztapalapa. Sus alumnos fueron dispersados en otros planteles, hecho que significó un duro golpe a la resistencia estudiantil. Debido a que el plan oficial era evitar que el edificio se convirtiera en un símbolo de lucha, dos años después se construyó allí el Hospital General (Zona-1) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). La demolición la continuó Enrique Peña Nieto, quién sólo dejó en pie el auditorio donde funciona hoy el Teatro Isabela Corona.

Julio Scherer (+2015), fundador de la revista Proceso y Carlos Monsiváis (+2010) recuperan en el libro “Parte de Guerra”  el testimonio del secretario de la Defensa en ese entonces,  Marcelino García Barragán (+1979). Este atribuye al general José Luis Gutiérrez Oropeza (+2007), jefe de guardaespaldas de Gustavo Díaz Ordaz (+1979), el haber apostado alrededor de 10 francotiradores en Tlatelolco para disparar a los asistentes. Oropeza prosiguió su carrera criminal creando el grupo porril los “Halcones”. Esta labor de exterminio de opositores y críticos al régimen la continuó con silenciosa efectividad Javier García Paniagua (+1998) desde la Dirección Federal de Seguridad (DFS). 

Omar García Harfuch, actual Secretario de Seguridad lleva los genes del Secretario de Defensa diazordista y del director de la siniestra DFS, fueron su abuelo y padre respectivamente. De ahí que sea casi imposible se conozca el número de estudiantes, maestros, trabajadores y pueblo en general masacrados en ese fatídico miércoles 2 de octubre. El ejército lo sabe con precisión pues con sus camiones acarrearon los cuerpos durante toda la noche para desaparecerlos. 



Lo anterior explica el fortalecimiento de la impunidad de las fuerzas armadas y, por supuesto, la posibilidad de que Omar García pueda ser candidato oficial a la presidencia de México.  


sábado, octubre 03, 2026

Pensiones. Cómo nos robaron el derecho a la jubilación

De El Blog, La izquierda Diario

Últimamente, a las generaciones más jóvenes se nos inculca que ya no nos podremos jubilar ni tener derecho a pensión. ¿Qué tan cierto es esto? ¿Cómo era el régimen de pensiones?

Jueves 1ro de octubre  22:46

domingo, septiembre 20, 2026

Ayotzinapa: “Usted, señor Presidente, nos ha mentido…”



Jorge Salazar García. 20/09/2026

Posiblemente algunas de las madres de los 43 estudiantes desparecidos en Iguala Guerrero creyeron que Claudia Sheinbaum, por ser mujer, finalmente revelaría el paradero de sus hijos. Lamentablemente, hasta el momento, no es así y la verdad sobre ese crimen de Estado de lesa humanidad seguirá oculta. Eso indican la exoneración de militares iniciada en la “verdad histórica de Peña Nieto y la última recomendación de la Comisión Nacional  de Derechos Humanos. A esta conclusión se llega después de analizar las actuaciones del sexenio en curso.

domingo, septiembre 13, 2026

¡Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando! (Pinochet)

“Pagaré con mi vida la lealtad al Pueblo” (Allende)

Jorge Salazar García. 13/09/2026

Este 11 septiembre se cumplieron 53 años del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet. A continuación se transcribe parte de las ultimas transmisiones radiales que desde el sitiado “Palacio de La Moneda” (PM) emitiera Allende a través de Radio Magallanes. 

7:55 a. m.

domingo, septiembre 06, 2026

Alfonso Durazo y Luis Donaldo Colosio: entre lealtades y demagogias.


Jorge Salazar García. 6/09/2026
Sin duda alguna la corrupción, la impunidad, los abusos del poder y la arrogancia han caracterizado a esos políticos incrustados en el gobierno que forman  “parte de una tremenda maquinaria sin corazón, sin nervios ni conciencia”  (Flores Magón, “¿Y para qué sirve la autoridad y otros cuentos?). Pocas veces lo que expresan públicamente proviene de su ronco pecho ni tiene el objetivo anunciado. Generalmente los halagos, ataques o descalificaciones que dirigen contra alguien les son dictados por quien los encumbró. Esto viene a cuento por el mensaje que Alfonzo Durazo (AD), gobernador de Sinaloa, enviara a Luis Donaldo Colosio Riojas (LDCR) como respuesta a su crítica al segundo informe presidencial. Nadie con un dedo meñique de frente puede creer que Durazo, sumiso hasta la abyección, haya actuado sin orden previa.