“Los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los que están
en lugares más altos son los que menos sirven.” (Paul Masson).
Jorge Salazar García. 11/10/2026
Controlar la tecnología de la información ha otorgado a sus poseedores la capacidad de moldear gobiernos conforme a sus intereses. El monopolio de esas herramientas en América lo posee Estados Unidos (EU), país para el cual no hay frontera ni soberanía que valga cuando algún gobierno local intenta restringirle a sus corporaciones el acceso a los recursos estratégicos y a millones de maleables consumidores. Su potencial para imponer condiciones a otras naciones no responde a la voluntad de ningún presidente sino a un plan expansionista concebido desde su fundación, consolidado con la doctrina Monroe (1823) y el Destino Manifiesto (1845). Desde entonces en Latinoamérica ha impuesto tratados que benefician a sus monopolios energéticos, comerciales, bancarios, militares y farmacéuticos básicamente. Desde luego las amenazas, los bloqueos, los golpes de estado, los asesinatos y la intervención armada directa son parte de las recetas para imponer su agenda de saqueo y depredación.
Esa política intervencionista es respaldada, con algunos matices, desde los partidos Demócrata y Republicano de los cuales han surgidos todos los presidentes (excepto los primeros seis) de ese país. Gracias al apoyo de las oligarquías locales logran imponer una narrativa donde la verdad, aunque se conozca, pierde relevancia ante los ciudadanos. Es una colonización programada que abarca los modelos educativos nacionales con la finalidad de hacer a un lado los contenidos que contribuyan al pensamiento crítico, liberador y humanista. De tal modo que los gobernados sean incapaces de cuestionar sus métodos criminales de despojo y evitar que la verdad sea percibida aunque haya quienes resistan a la simulación y la mentira.
Al respecto, el senador demócrata Robert C. Byrd (1917-2010) dijo al congreso de los Estados Unidos (EU): “La verdad siempre encuentra, con el tiempo, la forma de escabullirse entre las grietas. El peligro, sin embargo, es que en algún momento ya no importe… y que se infiera el daño antes que la verdad se comprenda por completo.” (21/05/2003).
Sin duda esa manipulación de la realidad favorece la contaminación, devastación, violencia y drogadicción y claro, expande sus nocivas consecuencias. Por esa razón, los dueños de los grandes consorcios financieros e industriales además de inducir la apatía promueven una sociedad donde la superficialidad y el consumismo donde lo único que importa es obtener un placer narcisista inmediato y alejarse del sufrimiento mediante las drogas. Así, aunque la verdad se respire, se le rehúye, evade o se niega obedeciendo al miedo implantado mediáticamente. Queda entonces aquella verdad oficial conveniente al poder difundida como espectáculo con el objetivo de que cualquier político idiota sea visto como héroe, salvador y honesto.
IDIOCRACIA
El ascenso actual de esos políticos es cada vez más frecuente y pareciera proyectarnos hacia un destino distópico igual al creado en la película Idiocracia, filmada en 2006. En este filme de Mike Judge se narra satíricamente la historia de un soldado yanqui (Joe Bauers) que siendo congelado en el año 2000 despierta cinco siglos después en una sociedad “indeseable, opresiva, aterradora” gobernada por idiotas. Ese militar ignorante y torpe, siendo la persona más inteligente en ese momento cuando los centros comerciales son Universidades y el presidente pertenece a una marca comercial, es convertido en Secretario de Estado. Esa sociedad “perfecta” para las corporaciones yanquis y judías pareciera estar edificándose desde el consenso de Washington (1989) en todo el continente americano. con el consentimiento de gobiernos que reprimen toda causa inteligente de resistencia a la estupidez.
AGNOCRACIA
Esos dueños del poder institucional ya han logrado que las nuevas generaciones vean en locos, codiciosos y estúpidos a sabios que salvarán al mundo. A través del controlado ejercicio de votar los despojados de su conciencia de clase eligen a políticos cuyos mejor mérito es la sumisión. La meritocracia se ha ido sustituyendo sistemáticamente por una agnocracia en la cual los cargos públicos (salvo las excepciones de rigor) son ocupados por oportunistas que ignoran las necesidades técnicas del puesto. Los méritos de eficiencia, talento profesional y honestidad dejaron de importar a los actuales linajes mafiosos dominantes.
De esa manera, los EU han reconfiguran las estructuras del poder; financian a candidatos ignorantes, narcisistas y codiciosos que presuman vehemente y egocéntricamente tener la verdad absoluta. Peña Nieto, Javier Milei, Donald Trump, Bolsonaro, Keiko Fujimore y Abelardo de la Espriella, son, sólo por mencionar los de América, algunos presidentes de esa clase de peleles dispuestos a destruir vidas y entregar a sus países con tal de satisfacer su egolatría. Para ellos sólo existe el dinero, los patrones y los esclavos consumistas. Como se dijo antes, son incapaces de conectar ideas y corregir errores; son socialmente disfuncionales, faltos de empatía, estrechos de miras y carentes de sensibilidad humana.
Caso México.
México, objeto eterno de la codicia yanqui, poco a poco va incorporando a la función pública (legisladores, presidentes municipales, gobernadores) políticos con las características mencionadas. Ya hay gobernadores (as) que en lugar de enfrentar con la verdad las mentiras, los abusos de poder y la corrupción sistémicas continúan cubriéndolos con demagógicos argumentos soberanistas mientras hacen concesiones a las corporaciones estadunidenses en los megaproyectos, corredores industriales, energía, petróleo etcétera.
Tanto en los EU como en México simulan combatir a fondo a los grupos narcotraficantes mientras tras bambalinas firman acuerdos con quienes manejan el dinero y las concesiones del gas sheel (fracking) y el petróleo del golfo de México. Es imposible que con los actuales mecanismos de control, registro y seguimiento del dinero, no sepan quienes son los beneficiarios de las operaciones criminales. Los espectáculos de las conferencias de prensa son sólo juegos artificiales para esparcir autoelogios narcisistas y reposicionar a los cómplices.
La permanente protección de funcionarios corruptos de todos los niveles y la falta de empatía para con quienes demandan justicia pronta y expedita exhiben un peligroso patrón político exasperante, frustrante y polarizador. Lo trágico de todo es que algunos dirigentes partidistas y funcionarios con máscaras de izquierda sirven al mismo amo neoliberal en tanto se profundiza y perfecciona la militarización del país.
No obstante esos grandes nubarrones, aquí y allende la frontera crece también el despertar de los ciudadanos que se organizan y salen a las calles hartos de gobiernos ineptos y corruptos. Los trabajadores de la salud, de la educación, madres buscadora, defensores del agua y del territorio, el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas se movilizan promoviendo acuerdos nacionales que permitan unir esfuerzos en torno a un programa común de lucha por la vida, la Paz y la Justicia.





