“No es lo que se gana sino cuánto se cuida”
Jorge Salazar García. 25/10/2026
Perder un hijo es sumamente doloroso para una madre; dos, es desolador y si en el mismo día mueren el esposo y un yerno, el sufrimiento debe ser indescriptiblemente devastador. Muy pocas mujeres pueden continuar adelante si no es por la Fe y el descubrimiento de un gran motivo de vida, como es el caso de la señora Virgen de Lourdes Morales Platas, mujer admirable en sus roles de madre, esposa, abuela y trabajadora.
En este último rol, junto con su familia creó, con mucho esfuerzo, una agroempresa de producción acuícola en Xotla, municipio de Tlaltetela; región considerada por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) de alta marginación. Con recursos propios y apoyo de la Fundación Produce Veracruz, a la orilla del río Los Pescados, construyeron (2001-2006), en un predio de casi una hectárea de extensión, siete estanques de 12 metros de diámetro cada uno, para producir cuatro toneladas de Tilapia Noruega, mensualmente.
También instalaron un invernaderos de 3000 m2 para producir hortalizas en hidroponía reutilizando el agua del recambio de las tilapias en cultivo. Había conejos y gallinas ponedoras de huevos orgánicos alimentadas con soya, granos y alga lemma minor (lentejilla de agua) de un alto contenido proteico. Especialistas del Centro de Estudios Superiores del Estado de Sonora (CESUES) como el Dr. en Ciencias, Martín Mariscal Lagarda colaboraron en la granja derivado de un convenio signado por el rector Lic. Fco. Carlos Silva Toledo. Se pagaban servicios de asesorías de la Biol. Soledad Delgadillo Tiburcio y del Ing. Humberto Aguilar López, especialista en hidroponía. Este proyecto denominado INVERXOTLA, Sociedad de Producción Rural de R.L. inaugurado por el exgobernador Fidel Herrera (28/12/2004), generó empleos fijos y temporales y tendía a servir de modelo-escuela con la posibilidad de replicarse dentro y fuera del Estado.
El texto siguiente de Doña Lulú sintetiza su historia:
Hay quienes nacen con estrella y otros, como mi caso, estrellados. De entre mis hermanos soy la segunda, Ana Berta es la mayor, nos siguieron David, Mercedes y Camerina. Nuestros padres biológicos nos abandonaron en Puente Chica, un pueblo junto a Plan del Rio; yo tenía escasos seis años. Al enterarse de este abandono mi abuela Camerina Figueroa Cisneros, vino en su burrito a rescatarnos desde Carrizal. Nos encontró solos, encerrados, con mi hermana menor de pocos meses.
Tenía ocho años cuando empecé a hacer tortillas, actividad con la cual nos mantenía mi abuela a quien siempre dije “MADRE”. Recuerdo dar 20 tortillas por un peso. Nos levantábamos a las 4:00 a.m. para hacer tortilla 40 kg. de masa. A las 7:45 desayunábamos un huevo tibio con su limón, sal y 3 tortillas enrolladas remojadas en ese huevo para irnos a la escuela Ana Berta y yo. Nunca nos fuimos con el estómago vacío, púes mi madre siempre procuró nuestra alimentación. Al regresar terminábamos el resto de la masa, levantábamos la cocina y comíamos. Después acarreábamos agua, buscábamos leña, y en los tiempos “libres” nos íbamos a vender cacahuates, pepitas y cuanto producto teníamos. A muy corta edad aprendimos a trabajar y contribuir en la manutención de la familia. A pesar de nuestra pobreza, fueron momentos inolvidables y espléndidos.
Mi madre siempre tuvo tiempo para darnos consejos, valores, fe y amor sin pedir nada a cambio. Nos llevaba de “excursión” a un lado de la casa, donde estaba en construcción otra, de ricos decía ella. Ahí, precavidamente, ponía unas tablitas sobre una zanja y nos hacia soñar que cruzábamos un rio inmenso, y veíamos el mar. Había un árbol muy grande de frutillo del cual colgaban los columpios donde nos mecíamos. A mis doce años vine a Xalapa, trabajé de sirvienta porque tenía hambre de continuar estudiando. A mis diecisiete años me recibí de secretaria y fui contratada por el DIF (Desarrollo Integral de la Familia). Al mismo tiempo comencé la secundaria en sistema abierto, después la preparatoria.
Posteriormente ingresé a laborar (1/11/1978) a la Universidad Veracruzana. Conocí a Diego López López y después de dos años de vivir en unión libre nos casamos legalmente (6/06/1981) para poder asentar a nuestro primogénito Diego César López (nacido el 16 de mayo de 1981), como “legítimo” quien estudió en la Escuela Naval Militar y egresó como Mecánico en Aviación. Actualmente, casado, con tres hijos, trabaja en Estados Unidos en la empresa Boeing.
En 1983, nació mi hija Felicitas; estudió licenciatura y maestría en Contaduría. Laboró para las Grúas Millennium y fundó, con dos compañeros, el despacho contable denominado “Integra”.
Las dolorosas pérdidas
En 1985 mi esposo nos abandonó. Tuve que suspender mis estudios universitario y trabajé lo indecible para que mis hijos continuaran los suyos: esa es la mejor herencia para un hijo, el conocimiento. Un bienio más tarde (1987) mi madre murió devastándome pero dejándome sus pensamientos y consejos.
En 1989 me reconcilié con mi esposo y emigramos a la ciudad de Tijuana donde abrí una cenaduria con excelentes resultados. Pero como había mucho consumo de drogas y eso podría dañar a nuestros dos hijos, al año decidimos regresar a Xalapa y retomé mi trabajo de la Universidad. En 1992 nació mi hijo Luis Enrique quien ingresó a la facultad de ingeniería civil.
Nueve años después compramos un terreno ejidal a orillas del Rio la Antigua, en Xotla. En él constituimos la empresa INVERXOTLA destinada a engordar mojarra tilapia, producir hortalizas, conejos y gallinas ponedoras. Nuestra producción extraordinaria fue objeto de elogios, destacando el del gobernador Fidel Herrera Beltrán, quién se ofreció a inaugurar la granja. El predio se convirtió en la manzana de la discordia al enfrentar un proceso plagado de irregularidades y vicios. Con todo y ello, el Registro Agrario Nacional otorgó a mi nombre el certificado parcelario.
El 28 de noviembre de 2007 mi hija Felicitas trajo al mundo a Cristopher Zaldo López, mi nieto. Lo amamos desde el inicio de su existir. Me decía “mamá” pues yo ayudaba en su cuidado. Compartíamos la casa de dos pisos; en la planta baja vivía ella y su compañero; en la alta, mi esposo, hijo y yo. Cristopher, fue diagnosticado con TDAH desde los 7 años. Su condición me ha llevado a buscar ayuda profesional particular e institucional. Es un niño amoroso, pero con mucho resentimiento a la vida.
Llega Karl dejando destrucción y muerte
El 17 de septiembre de 2010, el huracán Karl trajo desastre a nuestra granja y tragedia a mi familia. Perdí a mi esposo, a mi hijo Luis (18 años), al querido trabajador Lucio Morales y a los padres de Christopher: mi yerno Carlos A. Zaldo Salazar y mi hija Felicitas (22). La crecida corriente deslavó la base del puente Xotla llevándoselo junto con las camionetas donde iban mis seres queridos. En lugar de construirse reforzando con concreto los pilares, sólo vaciaron y compactaron tierra, para robarse dinero. Cuatro cuerpos fueron recuperados; el de Luis Enrique sigue en calidad de desaparecido. Después de un mes de la tragedia especularon haberlo visto con vida, pero en condiciones de demencia.
Mientras mi familia y yo lo buscábamos, manejando en las curvas de Puente Nacional, recibí una llamada de parte de Fidel Herrera. Me pidieron pasar a la tesorería por un apoyo. Desgraciadamente en diciembre asumió el poder otro ratero, Javier Duarte, y al presentarme me dijeron que no había nada. No me importó: mi prioridad era buscar a mi hijo. No fue todo, nuestra granja fue invadida y saqueada. A la negligencia estatal se sumó la corrupción.
Junto con nosotros, otros damnificados, demandamos indemnización al gobierno por haber sido responsable de la pésima construcción y mala calidad de materiales utilizados en el puente. Hasta el momento la Justicia sigue sin llegar.
Esa tragedia me convirtió, por mandato divino, en madre de Cristopher. Ahora lo crío tomando de referencia a la mía quien ¡Jamás flaqueó en la crianza de cinco! Ruego al Señor me permita hacer de él un hombre de bien. Él es mi proyecto de vida.
He vivido en la abundancia y en la escasez, en la tragedia y en la felicidad; siempre recordando a mi madre que nos decía “no es lo que se gana, sino cuánto se cuida”.
He enfrentado dificultades prácticamente sola, aferrándome a la vida con la mejor actitud y sacando aprendizajes de la adversidad. ¡Cómo cuesta! Pero vale la pena vivirla.
Actualmente, la señora Lulú tiene 68 años y vive en EU.
Esta familia demostró que habiendo visión y voluntad podría alcanzarse la autonomía alimentaria nacional; siempre y cuando el Estado cumpliera su parte con eficiencia y honradez.

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